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Después de visitar la tumba de Santa Catalina (prohibido hacer fotos, para variar), nos dirigimos a la Plaza del Campo, toda ella nevada, y al duomo (catedral).





¡¡¡ PORCA MISERIA !!! En el frío silencio de la mañana sienesa retumbó la voz de un señor cuya esposa acababa de resbalar y caer en un charco de aguanieve. Era realmente difícil ascender esa docena de escalones, pero una vez arriba, el interior -también en restauración- era maravilloso.



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Al salir, la nevada continúa... ¡Auguri!


