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Al entrar en las basílicas de Asís hacía un frío intenso, el interior , en cambio, era muy cálido y acogedor. Cientos de fieles se agolpaban ante el enterramiento de Francesco y sus primeros seguidores. Es un milagro que las bóvedas, totalmente destruídas en el terremoto de 1997, luzcan todo el esplendor de los frescos que pintaran en los siglos XIII y XIV Cimabue, el Giotto, Martini y Lorenzetti. También estaban prohibidas las fotos, así que sólo tomé algunas panorámicas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al salir, nevaba intensamente, lo que no parecía importar a los peregrinos...

 

 

 

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