
Según nuestro crucero se acercaba a Santorini, algo ya
desde lejos la hacía distinta de las demás islas. La experiencia
de entrar navegando en lo que fuera el cráter de uno de los volcanes
mas aparatosos de la historia es indescriptible. Bien valió la pena
sacrificar la siesta.

La isla tiene forma de media luna y los pueblos han crecido
hasta el borde mismo del acantilado. Firá es la capital; no tiene puerto,
pero sí un funicular que parece un ascensor y que comunica la ciudad
con el embarcadero.

Bajamos del barco en unas lanchas y nos acercamos a una playa
donde nos espera un autocar. Vamos a visitar el lugar mas fotografiado de
Grecia, el pueblo de Ia.

Hace calor, pero el pueblo es una preciosidad y no dejamos de
movernos por sus callejuelas. Las vistas al acantilado son todas postales.
Parece un sueño. Todos los que llevamos cámara, no dejamos de
disparar; aquí un carrete no dura mas de diez minutos.








Una guía nos contó que hace años eran los
pescadores y los mas pobres los que vivían en el acantilado, pero que
ahora estaba de moda entre los artistas y la gente bien tener una casita aquí,
y los precios estaban por las nubes.



Cuando llegamos a la capital, sólo quedaba tiempo para
dar un paseo, ver unas iglesias y guardar la cola del funicular.


Nos faltó tiempo para recrearnos con las vistas, nuestro
barco estaba a punto de zarpar.

Nuestros compañeros de crucero, entrando en su barco.
En las fotos de ellos, saldríamos nosotros.

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