
Rodas es un trozo de Edad Media que ha llegado impoluto hasta nosotros. A solo unos metros del muelle, la ciudad amurallada está como hace siglos, y si no fuera por alguna moto que vemos aparcada, pareceríamos viajeros del tiempo.

Muy temprano entramos en el museo arqueológico, y a primera vista pienso que he tirado los seis euros y que los griegos son un desastre organizando su patrimonio. Aunque el edificio es una joya, los restos están dejados caer por los pasillos.

¡Qué no habrán visto estas piedras a lo largo de los siglos! Rodas era la última escala de los cruzados antes de atacar al infiel. Aquí edificaron palacios, residencias, hospitales... Una ciudad a la medida de los primeros europeos, en la frontera del Islam.

Aquí se conservan innumerables obras de arte. Ya sabemos que el arqueológico nacional esta cerrado hasta las olimpiadas, por lo que habrá que conformarse con estos tesoros de provincias, nada desdeñables, por cierto.


Me sorprende la riqueza y variedad de este museo, y aprovecho para tomar decenas de diapositivas para mis clases.


En una de las últimas salas descubro la lápida de un compatriota. ¡Que lejos vino a morir este desdichado! ¡Que precios pagaban los turistas del Siglo XV!

Por la calle de las hospederías no ha pasado el tiempo. La rivalidad de las incipientes naciones europeas quedó reflejada en sus respectivos alojamientos. La más imponente, la francesa, que orgullosa luce blasones y bandera. Pero ninguna hace el ridículo, todas las potencias cristianas hospedaban dignamente a sus cruzados.

Al final de la calle domina la ciudad el Hospital de Caballeros. Todo en el imponente edificio es admirable. En muchos de sus salones aún se reúnen las órdenes militares y de caballería.


En la parte alta de la ciudad medieval está el barrio musulmán. Los vecinos turcos ocuparon esta isla muchos siglos. Desde su anexión a Grecia, la comunidad árabe de la isla guarda silencio, reza discretamente en sus mezquitas y se dedica entre otras cosas al comercio.

Vimos casas de vecinos, patios, pozos...

Mandraki es el puerto mas antiguo de Rodas. Aquí hace mas de dos mil años, Cares de Lindos construyó en bronce la estatua de Helios mas grande de la que se tiene noticia (32 m.) Sus pies se apoyaban donde hoy están las columnas con los ciervos.


Un terremoto derribó la estatua, y varios siglos después, un árabe vendió los trozos de bronce, siendo necesarios 900 camellos para transportarlos. Otra maravilla perdida. Otra decepción. Debemos preservar el patrimonio para las generaciones venideras.

Después de la caminata declinamos la invitación de almorzar en el barco y nos perdimos en las callejuelas de la ciudad medieval. El "gyros pita" es uno de los mejores inventos del Mediterráneo: capas sucesivas de carne de cordero que giran en un mecanismo asador, del que se van cortando los trozos mas hechos, colocándolos en una oblea de pita. Delicioso. Y de remate una musaká, pastel a base de berenjenas gratinadas que quita el sentido. Acompañaron varias jarras de "Mythos", la cerveza del país.

La siesta fué de compras. Hay un buen comercio en la isla. Souvenirs, música local, prendas de cuero y artículos de cristal, que aunque abundan en toda Grecia, aquí parecen mas llamativos.

Nos hubiéramos podido dar un baño en esta playa, pero tras la paliza del día nos apeteció recogernos.


Zarpamos al atardecer. Otra isla que nos había sorprendido por su singularidad. Rodas era tan nuestra... como nosotros de ella.
