Al amanecer llegamos a El Pireo. Allí aprendimos el significado de la palabra "desembarco". Después de unas horas de caos, aparecieron nuestras maletas y pudimos entrar en una ciudad toda patas arriba que se preparaba a marchas forzadas para la olimpiada de 2004.

La Acrópolis es visible desde toda la ciudad. Es un majestuoso bloque de historia, demasiado maltratado por los que llegaron antes que nosotros.

 

Junto a la Acrópolis, el Teatro de Dionisio, con un aforo de 17.000 espectadores, vio nacer el teatro europeo. Aquí estrenaron sus obras Aristófanes y Sófocles.

Así debió ser en el Siglo de Pericles, pero los milenios no han pasado en balde. Ya los romanos se llevaron las estatuas de Zeus Olímpico y la de Atenea (ambas ardieron en el incendio de Roma); terremotos, explosiones cuando era un polvorín de los turcos, cañonazos en varias guerras y el vergonzoso expolio inglés, que llevó al British Museum todos los frisos del Partenón, entre otras maravillas irrepetibles. La llegada de turistas en las primeras horas del día es incesante, pero salvando la bulla al pasar por los propileos, no hay sensación de agobio, a pesar del calor.

Primera sorpresa: el Templo de Atenea Niké está desarmado. Ya lo tumbaron los turcos hace varios siglos. Ahora es preciso de vez en cuando cambiarle algunos accesorios metálicos que se añadieron a su estructura cuando fué reconstruido.

Mi foto es la de abajo, supongo que para las olimpiadas habrán recompuesto el rompecabezas.

 

El Partenón, a pesar de todas las barbaridades que ha sufrido, atrae, impresiona y emociona. Esta mole de estido dórico que sirvió para cobijar la estatua de oro y marfil de la diosa Atenea, está en plena restauración. Ojalá podamos pronto ver en su lugar los mármoles robados.

 

El Erecteión se edificó en el lugar que Atenea plantó el primer olivo, y es un edificio singular y asombroso. Erecteo, uno de los primeros reyes del Ática se supone aquí enterrado.

 

Además de ser el más bello templo de estilo jónico, tiene la originalidad de su forma irregular y la tribuna de cariátides, seis hermosas doncellas esculpidas por un discípulo de Fidias que soportan elegantemente el peso del arquitrabe.

 

Después de soportar la cubierta 24 siglos, y en un avanzado deterioro, las cariátides originales se han retirado a varios museos, entre ellos este que hay a escasos metros.

No muy lejos de la Acrópolis, está el templo de Zeus Olímpico, mandado construir por el Emperador Adriano en el Siglo II, y que constaba de 104 columnas de estilo corintio de 17 metros de altura.

Paseando por Atenas no es raro encontrar capillas e iglesias bizantinas. Exteriormente son austeras y se ven ridículas ante la presión de los edificios que las rodean.

 

Los interiores, en cambio, no dejan hueco sin decoración, icono o útil de culto.

La Catedral Ortodoxa (Evangelismos) está en obras, y a pesar de la impertinente sacristana, pude tomar esta foto. Hace cuarenta años se casaron aquí (y también en la católica de San Dionisio) nuestros reyes, D. Juan Carlos y Dª Sofía.

 

 

En la Plaza Syntagma (Constitución) está el Parlamento y ante él, la tumba del soldado desconocido. Los evzones realizan cada hora el cambio de guardia, con una perfección impresionante.

 

 

 

 

El Ágora Romana, en medio del barrio de Plaka. Aquí es recomendable acercarse para pasear, comprar, huir de las aglomeraciones y sobre todo para comer.

Entre Syntagma y Omonia, hay varios edificios notables, la Universidad (en obras) y esta biblioteca.

La casa de Schliemann, el arqueólogo descubridor de Troya y Micenas, hoy museo numismático

Y la Catedral Católica de San Dionisio Areopagita, donde se casaron nuestros reyes.

 

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