


Más de veinte años hacía que no pasábamos por Medinaceli. Su casco histórico merece una visita pausada. Fue un enclave fronterizo durante la reconquista, y tal vez aquí viniera a morir Almanzor, tras la escaramuza de Calatañazor...







¡Soria fría, Soria pura,
cabeza de Extremadura,
con su castillo guerrero
arruinado, sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas denegridas!
¡Muerta ciudad de señores,
soldados o cazadores;
de portales con escudos
con cien linajes hidalgos,
de glagos flacos y agudos,
y de famélicos galgos,
que pululan
por las sórdidas callejas,
y a la medianoche ululan,
cuando graznan las cornejas!
¡Soria fría! La campana
de la Audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana
¡tan bella! bajo la luna.

Soria celebra en 2007 el centenario de la llegada de Antonio Machado a su Instituto, y toda la ciudad está impregnada de sus recuerdos y poemas.



Soria es una ciudad moderna, sin embargo, parece que el tiempo no ha pasado por ella. Sus edificios de piedra han absorbido el ajetreo de la modernidad y nadie parece tener prisa.







La fachada de Santo Domingo es una de las más bellas del románico español. Los dulces que elaboran las clarisas también merecen todos los elogios.








Hay muchos palacios señoriales en Soria. Uno de estos, hoy sede del Archivo Histórico Provincial, es el de los Ríos y Salcedo en la calle Aduana Vieja.

El de los Condes de Gómara, reconvertido en Palacio de Justicia.




El museo conserva estos colmillos y pelvis del Elephas Antiquus que rondaba por estas tierras hace 300.000 años.

Esta placa grabada de época magdaleniense (hace 15.000 años), hallada en Villalba y donada por su descubridor, es una de las escasas muestras de arte mueble Paleolítico conocidas en la Meseta.




La colección de cerámica celtibérica, en su mayoría de las excavaciones numantinas, es excepcionalmente rica.












Esta estela representa en sus dos caras a un guerrero a caballo.



La metalurgia está representada por algunos pectorales y báculos de singular belleza.





Completan la colección canicas y juguetitos de los ajuares numantinos.


También se exponen algunos miliarios y piezas del periodo romano.



Desde el viejo puente de hierro se disfruta una relajante vista del río.

Junto al Duero, un antiguo lavadero de lanas es hoy utilizado como almacén por los piragüistas.








Del antiguo monasterio levantado por los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén sólo se conserva la iglesia y las arquerías del claustro, con gran influencia oriental.











La iglesia de San Juan de Rabanera, con su ligereza y esbeltez parece anunciar el gótico.









Un amable guía nos explicó los contratiempos sufridos por este edificio hasta llegar a nuestros días.



Desde el Parador tenemos una vista excepcional sobre el Duero, el viejo puente de hierro del ferrocarril y el camino de San Saturio.

La Concatedral de la Diócesis de Osma-Soria es un edificio poco agraciado, sin embargo su interior es muy interesante.
















El paseo a la ermita de San Saturio (Patrono de Soria) invita al sosiego y al disfrute de la naturaleza. Este lugar fue muy frecuentado por Machado.


"He vuelto a ver los álamos dorados; álamos del camino en la ribera del Duero, entre San Polo y San Saturio". El paseo que corre paralelo al río Duero se inicia con la ermita de San Polo, de origen templario, entre huertas. Caminando se atraviesa un arco y entramos en un camino que se funde con la orilla del río, rodeado de álamos, castaños. olmos, chopos y cañaverales. Un bosque variado y multicolor en el que se ven las estaciones de un vía crucis que nos llevan hasta la ermita de San Saturio. Por una escalera abierta a través de la piedra se accede a la ermita.












Junto a Nuestra Señora del Espino está el cementerio donde descansa Leonor, la que fuera esposa de Machado. En su jardín el olmo centenario al que cantara el poeta.

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

Casualmente era 1 de agosto, hacía 95 años del fallecimiento de Leonor

A UN OLMO SECO
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria -barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra-.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!




Atardece en el Parque del Castillo.



Machado, omnipresente...


La Alameda de Cervantes, "La Dehesa" para los lugareños. Aquí es donde se pierde la noción del tiempo, ¡cuántos años llevaba sin ver un heladero!




En el parque está la ermita de la Soledad.

























Llegaron los asesinos
hasta la Laguna Negra,
agua transparente y muda
que enorme muro de piedra,
donde los buitres anidan
y el eco duerme, rodea;
agua clara donde beben
las águilas de la sierra,
donde el jabalí del monte
y el ciervo y el corzo abrevan;
agua pura y silenciosa
que copia cosas eternas;
agua impasible que guarda
en su seno las estrellas.







Casas de piedra, el rollo picota donde se ajusticiaban los condenados, comercios con sabor y olor... Vinuesa, a un paso del Urbión, lugar tranquilo, sosegado...













Si no fuera por los contadores, cuatro cables y media docena de coches, parecería que habíamos viajado en el tiempo. Calatañazor es un pueblo medieval que ha llegado casi intacto a nuestros días.




























El sepulcro de San Pedro de Osma, que restauró la diócesis tras la reconquista en 1101.











La iglesia de San Miguel fue construida en el año 1081. Es la iglesia más antigua de San Esteban, la primera muestra del románico en la provincia de Soria y de las primeras en la península.








Nuestra Señora del Rivero es algo más reciente y no tan tosca como San Miguel.







Aunque solo recorrimos dos de sus veinticinco kilómetros, el entorno es impresionante.







La ermita de San Bartolomé, tal vez de origen templario.






